Vielle Nouvelle Vague

¿Qué hubiese sido del Futurismo sin su manifiesto? ¿O del Dadaísmo sin sus escritos teóricos y su estética de lo políticamente incorrecto? Y, ¿qué hubiese ocurrido con la Nouvelle Vague sin sus revistas y publicaciones parisinas acerca de nuevas técnicas cinematográficas o de vanguardia francesa del siglo XX?

En 1947 se publicó “La revue du Cinéma”, revista fundada por André Bazin y Jacques Doniol-Valcroze y que en 1951 cambió su nombre para pasar a ser la famosa “Cahiers du cinéma” (Cuadernos de cine) de la que formaron parte unos jóvenes Françoise Truffaut, Eric Rohmer y Jean-Luc Godard. En esta revista los nuevos “enfants du secle” revisaron la escena cinematográfica francesa, dando un giro de 360 grados en la historia del cine. Opuestos al academicismo burgués, defendían un cine sencillo, directo y emancipado de todo formalismo.
A partir de “Cahiers du cinéma”, una nueva generación de jóvenes creadores surgió ganándose la complicidad de los espectadores con títulos como “Y Dios creó a la mujer” (1956) de Roger Vadim, “Ascensor para el cadalso” (1957) de Louis Malle o “Los primos” (1958) de Chebrol.
Françoise Truffaut ideó una serie cinematográfica centrada en la vida de Antoine Doinel (interpretado a lo largo de 20 años por el actor Jean-Pierre Léaud), alter ego de Truffaut en la pantalla, y que apareció por primera vez en “Los cuatrocientos golpes” (1959). Truffaut también sería el que nos regalase la exquisita “Jules et Jim” (1961), citadísima por Bernardo Bertolucci en “The dreamers” (2003) y en la que sobresale una jovencísima Jeanne Moreau. Otros títulos destacados de su filmografía son “Fahrenheit 451”, “Baisers robés” (1968), “L’enfant sauvage” (1969) o “Le dernier métro” (1980).
Alain Resnais es otra de las figuras representativas de esta nueva ola del cine francés. Muy interesado por los estudios literarios, se sirvió de un guión de Marguerite Duras para el rodaje de su obra maestra: “Hiroshima, mon amour” (1959).
 Otro miembro influyente de este movimiento fue Jean-Luc Godard. Su cine se caracteriza por unos montajes poco tradicionales, una planificación brusca y unos cortes inoportunos y está considerado un referente en la historia del cine moderno. Su primer largo, “Al final de la escapada” (1959), estuvo protagonizada por Jean-Paul Belmondo y es, según la crítica de cine, una obra clave para el desarrollo del cine posterior.
Eric Rohmer destacó por sus “sagas”, sobre todo por sus “Seis cuentos morales”, comenzada en la década de los 60, con títulos como “La coleccionista” (1967) o “El amor después del  mediodía” (1972).  “Pauline a la pláge” (1982) es una de sus películas más representativas. Sus personajes son seres reales, que nos hablan de ellos a través de las sencillas charlas cotidianas.
Merece especial atención la “grand-mère du nouvelle-vague”, Agnés Varda, que nació en 1928 y todavía hoy sigue trabajando en París. Ha realizado películas, documentales y video-instalaciones, todos vistos desde una perspectiva realista y de crítica social. Su último trabajo apareció en 2002 bajo el título de “Las espigadoras y la espigadora”.
Si aún no han corrido por las largas Visitar París a través de los ojos de Amelie, si aún no han robado una vieja máquina de escribir, si no han amado febrilmente a un desconocido o si no perdieron alguna vez el último metro, ha llegado el momento de que crucen la frontera del cine para convertirse en los “enfants terribles” de sus propias vidas. Pasen una tarde de lluvia en Monmartre, descálcense un día y corran por las calles bailando con la gente. Porque somos jóvenes e inconscientes, porque la nueva ola es hoy también y nosotros los nuevos “enfants du sécle”.

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