Un día perfecto

En 1995, en medio de los Balcanes y con el conflicto bélico aún coleando, un grupo de cooperantes de una organización humanitaria tiene el objetivo de sacar un cadáver de un pozo antes de que el agua de este quede definitivamente contaminada. Mambrú, Katya y B necesitan encontrar cuerda para poder levantar el cuerpo, una tarea que resultará mucho más complicada de lo que se piensan. Durante su misión para conseguirlo, recogen a Nikola, un niño que ha tenido que huir de su pueblo natal. Este es el argumento de Un día Perfecto.

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Uno de los grandes valores que se pueden extraer de una película es su capacidad para sacar el espectador del cine con un estado de ánimo diferente al que tenía cuando había entrado. El problema llega, sin embargo, cuando uno tiene la sensación de que este efecto ha funcionado de forma equivocada. Y eso es exactamente lo que ocurre con las buenas vibraciones y el regusto optimista que deja Un Día Perfecto: que no encajan demasiado con lo que acabamos de presenciar. La nueva película de Fernando León de Aranoa adentra en el conflicto balcánico para mostrarnos las dificultades de las organizaciones humanitarias y también las consecuencias para la población local, pero su estrategia de hacerlo en los hombros de unos personajes que continuamente recurren al humor o la ironía no termina ofreciendo el resultado adecuado.

Se perciben las buenas intenciones de León de Aranoa en Un Día Perfecto, que busca una intención desdramatizadora para huir de la vertiente más lacrimógena o efectista del tema tratado (cosa que se agradece especialmente, teniendo en cuenta el historial del cineasta), pero este tono requería unos atenuantes que, a la hora de la verdad, no son efectivos. Y es que, en el fondo, la historia narrada en Un Día Perfecto está rodeada de drama, de desgracia y también de injusticia. En medio de todo ello, los constantes equilibrios de Aranoa para no resultar ni demasiado cómico ni demasiado trágico desembocan en una indefinición que castiga la película y lleva al desconcierto por parte del espectador. Debido a esto, por ejemplo, una de las secuencias más impresionantes del filme en un pueblo derruido por la guerra -que, además, está planificada con una especial delicadeza y brillantez- termina desperdiciando su potencia por el hecho de formar parte de un todo global donde no encaja.

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El regusto de incertidumbre y la falta de adecuación que deja Un Día Perfecto todavía presenta una paradoja más, y es que la película no deja de ser bastante entretenida a pesar de no contar precisamente una gran aventura. Su estructura de “road-movie” comprimida (como su título indica, el periplo dura alrededor de 24 horas) aporta un ritmo dinámico y ameno, al que se suma la proximidad de unos personajes a los que León de Aranoa sabe dar una personalidad marcada desde el primer momento, sin necesidad de profundizar mucho en el pasado de cada uno. El carisma de Benicio del Toro y Tim Robbins, que enseguida se hacen suya la mentalidad semihumorística del filme Un Día Perfecto, es un aliado perfecto por el director en este sentido, ya que los diálogos son ocurrentes y fluyen con buena sintonía, de modo que los personajes invitan a ser acompañados.

Un Día Perfecto expone claramente un conflicto, unas dificultades y unas incorrecciones ante las que la reacción natural es la frustración, la concienciación e incluso la indignación. Sin embargo, termina la película Un Día Perfecto y la sensación es más cercana a la de haber asistido a una anécdota -bien trenzada y conjuntada, eso sí- que a un hecho de gran relevancia. Por mucho que el director batalle para extrapolar su historia a los horrores de la guerra y las dificultades para lograr el restablecimiento de la paz, aunque la voluntad de quienes lo intentan sea la mejor posible, el mensaje no cala como debería hacerlo. Un Día Perfecto quedará en la memoria como una “película simpática”, que deja una sonrisa en la boca y que incluso puede ayudar a quien haya tenido un mal día en salir con los ánimos un poco recuperados. Y no, esto no cuadra con lo que acabamos de ver en Un Día Perfecto.

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