The Martian

En una de las misiones tripuladas de la NASA en el planeta Marte, una tormenta sorprende a los astronautas y éstos se ven obligados a marchar rápidamente. Durante la evacuación, Mark Watney tiene un accidente que le rompe el traje espacial y la comandante se ve obligada a dejarlo, dando por hecho que ha muerto. No obstante, Watney consigue sobrevivir, pero se encuentra totalmente incomunicado y deberá encontrar la forma de subsistir el máximo tiempo él solo hasta que alguien descubra que aún está vivo.

Los viajes espaciales cinematográficos más recientes habían tendido a teñir de sesgos profundos y metafísicos la presencia del hombre más allá de la atmósfera terrestre. Desde la más alta complejidad espacio-temporal de interestelar, pasando por la épica más emotiva de Gravity y hasta llegar al existencialismo de Sunshine o Moon… la odisea en el espacio no estaba exenta de gran espectacularidad, pero tenía unas connotaciones que traspasaban la mera necesidad de superar los peligros y nos quería hacer reflexionar un poco más. Ahora, podríamos decir que The Martian se pasa por el forro todas estas lecturas e interpretaciones. El nuevo filme de Ridley Scott adopta un enfoque mucho más aventurero, positivo e incluso soñador, y nos traslada a aquel cine de los años 90 donde todo resultaba más directo y desprovisto de solemnidades. El resultado, imperfecciones incluidas, se pone al servicio del más puro entretenimiento con una enorme efectividad.

Ridley Scott aplica a The Martian una mentalidad muy clara: el espectáculo es el primero. Su viaje no pretende darnos lecciones de astrofísica, ni impresionarnos con la fortaleza mental que puede llegar a tener un hombre en una situación límite, ni generar debate sobre nuestra presencia en la galaxia o la posible vida en de otros planetas; aquí, el foco de atención se centra en todo momento en la posible hallazgo de una solución para el principal problema de su astronauta protagonista: quedarse solo en el medio del planeta Marte. Visto esto, el filme avanza según el ritmo y la actitud de Mark Watney: con calma, ingenio, diligencia y sentido del humor. No esperamos demasiado explicaciones o justificaciones de la viabilidad real de los inventos de Watney o la rigurosidad con la que se representan las hipotéticas condiciones en el planeta rojo, porque no están. El filme tiene un propósito que no tiene tiempo para estos detalles, y se mantiene fiel hasta el final.

Fotograma de The Martian

Fotograma de The Martian

Una de las claves narrativas que marcan el buen funcionamiento y la agilidad de la película -es sorprendente la facilidad con que se consumen los 140 minutos- es sin duda el montaje, ya que la acción avanza siempre con gran dinamismo. Las elipsis son continuas, y se apoyan con los constantes indicadores y cálculos temporales que muestra el protagonista, alimentando así la sensación de cuenta atrás que poco a poco va haciendo aumentar la expectación. Cuando el avance narrativo se bifurca entre la acción en Marte y en la Tierra, aunque encontramos un punto más de ingenio para cohesionar el conjunto. La otra gran arma de The Martian es su voluntad desdramatizadora y optimista, que enseguida sabe contagiar al espectador con la certeza de que así disfrutará especialmente del trayecto. El buen papel de Matt Damon, que se hace partícipe de la vertiente humorística del film y sale sorprendentemente bien parado, también tiene mucho que decir.

El efecto colateral que conlleva esta relativa ligereza narrativa es que la película cae en una cierta ingenuidad en algún momento, como si intentara obviar la gravedad o extrema dificultad que, en el fondo, esconden muchas de sus situaciones. Este hecho, coherente con la personalidad global de The Martian, provoca una serie de concesiones que pueden llevar al acomodo del espectador, ya que eliminan en exceso la sensación de peligro del protagonista, a pesar de su situación extrema y pretendidamente desesperada; un efecto que neutraliza un poco el suspense y la épica que quiere transmitir el filme, sobre todo en su tramo final. No resulta una penalización excesivamente grave a nivel global, pero esta falta de una amenaza o sufrimiento real sí se hace evidente en alguna ocasión.

Fotograma de The Martian

Fotograma de The Martian

A pesar de sus rasgos discutibles, The Martian ofrece todo lo que se puede esperar de una aventura de ciencia ficción, y obviamente Ridley Scott no ha desaprovechado toda la espectacularidad visual que le ponían en bandeja los rojizos paisajes del planeta Marte. Se nota que el director se mueve mucho más cómodo en este ambiente y con estos mecanismos que con los de algunos proyectos teóricamente más ambiciosos (ya menudo fallidos) que había presentado hasta ahora. Quizás esta necesidad de sacrificar elementos más profundos para así poder tirar por, es el punto de inflexión que le ha dado la libertad necesaria para poder ofrecer con The Martian lo que llevaba años persiguiendo. Por lo menos, es su película más satisfactoria y exitosa en un buen montón de años; una verdadera aventura espacial.

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