No respires

En la decadente ciudad de Detroit, tres jóvenes ladrones aprovechan que el padre de uno de ellos tiene una agencia de seguridad para entrar en varias casas cuando los dueños no están y acumular pequeños robos que les ayuden a reunir el dinero necesario para marchar de la ciudad. Cuando se enteran de que en una casa en un barrio casi deshabitado hay guardada una enorme suma de dinero, no dudan en fijarla como objetivo, y aunque se frotan más las manos al descubrir que el propietario es ciego. No obstante, no son conscientes de lo que les espera dentro.

Hay películas que, en algún momento puntual de su visionado, te hacen pensar que lo que estás viendo es una estupidez. Es una idea fugaz que en realidad forma parte de la experiencia que propone el propio film, pero que precisamente necesita ser asumida para poder disfrutarlo de verdad. Pensaba, por ejemplo, en Infierno Azul, y ahora lo volvemos a encontrar en No Respires, que comparte buena parte de las propiedades de aquella aventura de supervivencia marina, pero llevándolas a otro tipo de terreno. Capitaneada por el uruguayo Fede Álvarez, otro director que como Jaume Collet-Serra se ha abierto camino en el cine de género en Estados Unidos, No Respires ofrece un interesante ejercicio de estilo a medio camino entre el thriller y el terror para sumergirnos durante poco menos de hora y media en su particular prueba a vida o muerte. Una nueva muestra de cine bajo en presupuesto, pero de lo más elevado en tensión y dramatismo.

El film no tiene demasiados secretos: presenta su premisa y a partir de ahí a por ella sin más. Ante la simplicidad narrativa y las limitaciones de espacio, Fede Álvarez recurre a un amplio inventario estilístico para conseguir el efecto deseado en cada momento, y no se preocupa demasiado porque la película muestre sus trucos o costuras de vez en cuando . Por mucho que la sutilidad quede a menudo a un lado, prácticamente no hay ningún movimiento de cámara, ningún cambio de perspectiva ni ningún encuadre que no aporten algo a la película No respires. Destaca sobre todo su juego con el punto de vista, capaz de convertir al espectador en un intruso más para así mostrarle detalles no percibidos por los personajes (el fantástico plano secuencia de entrada a la casa es el máximo exponente) y también de hacerle perder la perspectiva entera de la acción para así poderlo coger desprevenido. Son elementos que evidencian la mala leche con que está ejecutada No Respires, pero que también demuestran cierta complicidad con nosotros.

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Ante la irrelevancia que presentan los perfiles personales de sus protagonistas, así como la relación entre ellos (tan poco desarrollada que prácticamente no se tiene en cuenta), No Respires aprovecha para no posicionarse en ningún momento, evitando que nos identificamos demasiado con ninguno de ellos. En este sentido, tiene un punto cercano al género ‘slasher’, ya que se percibe cierto castigo merecido vista la reprobable y cobarde conducta de los tres jóvenes, pero tampoco es que el filme justifique demasiado el comportamiento de nadie. Este hecho queda claro a medida que vamos descubriendo la brutalidad que esconde la figura del ciego, interpretado por un perturbador Stephen Lang que pone los pelos de punta en más de una y de dos ocasiones, y que nos tiene preparada más de una sorpresa desagradable en el curso de la acción. Si bien la impresión es que el filme se habría podido ahorrar según qué detalle algo grotesco y todo, no hay duda de que su atmósfera malsana va calando cada vez más.

Aparte de la inteligente dirección y de la celeridad con que la acción se traslada a una y otra parte de la casa sin que la sensación de peligro decaiga en ningún momento, No Respires también hace gala de un uso claramente funcional de sus cualidades técnicas. A pesar de presentar algunas estridencias, Fede Álvarez sobresale sobre todo por el uso que hace de los silencios, que son precisamente los momentos en que el ciego goza de más ventaja y puede afinar todo el resto de sentidos. Aquí, gracias a la expresión gestual de Stephen Lang, es fácil visualizarlo como un auténtico depredador sigiloso que tiene la situación controlada ante sus potenciales presas, y que además juega como local. También el uso de las luces y sombras, aunque un poco falseado a veces, resulta un gran aliado del director uruguayo a la hora de ambientar cada situación, así como de mostrarnos cada personaje.

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No Respires acaba de construir su esencia gracias a los paisajes desolados y fatalistas de la ciudad de Detroit, un escenario donde realmente parece que el objetivo sea más bien sobrevivir que vivir, y donde lo más normal es tener ganas de largarme lo antes posible. En todo caso, tampoco parece que la película pretenda lanzar ningún mensaje en este sentido, ni tampoco en ningún otro. Simplemente, busca hacernos sufrir durante un rato, sentir la misma angustia que sus protagonistas y utilizar todas las herramientas que tiene a su alcance para presentar todo con una firma personal identificable. El resultado funciona, hasta el punto de dejar en meras anécdotas el par de giros gratuitos o los tres o cuatro detalles estúpidos de su tramo final. Es por ello que hay que dejar de lado el análisis racional de lo que estamos viendo -la que nos dice que todo es una estupidez- y dejarse llevar por la espiral de pulsaciones que garantiza No Respiras una vez te ha atrapado y te ha cerrado con candado.

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