Nightcrawler

Mientras conduce de noche por Los Ángeles, Lou Bloom presencia un accidente de tráfico y descubre la figura del Nightcrawler“: personas que se presentan a las escenas de crímenes, accidentes y tragedias de todo tipo para grabar las imágenes y luego venderlas en las principales cadenas de noticias. Atraído por la idea, Lou comienza a ejercer como tal y encuentra en la directora de informativos de la KWLA una buena compradora, quien le anima a arriesgarse cada vez más para conseguir el mejor material posible.

En los tiempos que corren, es arriesgado utilizar el calificativo obra maestra, ya que entre todos la hemos devaluado un poco. Por un lado, hay quienes lo dejan ir a la ligera media docena de veces cada año ante cualquier buena película; por otro, hay tantos factores -quizás masas- que intervienen en el análisis de un film, que hace respecto fue tan rotundo e inapelable. Personalmente, no puedo evitar incluirme en esta segunda vertiente, pero hay películas que te aportan tantas cosas y de forma tan constante, que creo que es de justicia tirar de emotividad y expresarlo tal cual: Nightcrawler es lo más cercano a una obra maestra que he visto en los últimos años. Y lo es porque funciona de arriba abajo, mostrándose siempre coherente con su objetivo y su narrativa, y para que no detecto un solo diálogo, escena o detalle que sobre. Además, Dan Gilroy desarrolla su discurso perverso con una inmensa valentía y un ritmo eléctrico. Y encima, cuenta con la mejor actuación de Jake Gyllenhaal.

La película es una crítica encarnizada al inmenso poder de los medios de comunicación, no sólo por la pérdida de cualquier migaja de moralidad o respeto por parte de los mismos, sino por la sumisión que muestra la sociedad en general, dándole así la razón a sus prácticas y animándoles a ir sobrepasando cada vez más los límites teóricamente establecidos. Siguiendo los mismos cánones que Black Mirror -un producto de mentalidad y temática muy parecidas a éste-, Nightcrawler juega a extremar su narración y huye de un realismo estricto, pero sabe que en la mente del espectador todo resulta demasiado familiar para a considerarlo pura ficción. Y es aquí donde la película duele; incluso estremece. La pornografía de la imagen es un arma blandida sin ningún tipo de escrúpulo por las cadenas de televisión, así como la feroz lucha para la exclusiva de un suceso o la despiadada guerra de audiencias, y Nightcrawler son el motor de todo ; son lo que determina el camino hacia el éxito o el fracaso.

Fotograma de Nightcrawler con fondo

Fotograma de Nightcrawler con fondo

Además de retratar desde una cruel sátira la peor vertiente de este engranaje mediático, Nightcrawler expone también -y de forma preocupantemente realmente las posibilidades de que un individuo tiene de introducir en él, lucrarse de ellos y convertirse -se en un gurú de la materia. Y es aquí donde entra el personaje de Lou Bloom, la versión más contemporánea posible del hombre que es capaz de todo para alcanzar la fama y, por tanto, el cómplice perfecto de un mundo como este. Con este protagonista, Gilroy demuestra la absoluta frialdad y falta de racionalidad que definen un perfil como este, hasta el punto de convertirlo en psicopatía, ya la vez personifica una mentalidad totalmente deshumanizada, con una obsesión competitiva que se antepone a todo. No es extraño, pues, que Bloom se exprese a partir de frases de PowerPoint totalmente genéricas y vacías, propias de cualquier gran empresa donde las ansias de éxito y popularidad están por encima de cualquier componente humano. Un discurso que, Nightcrawler, va sonando cada vez más terrorífico.

Todo este discurso prefabricado tiene un claro aroma paródico a Nightcrawler, pero a medida que avanza la acción, la sonrisa se nos borra y todo sonando cada vez más terrorífico. Y buena parte de la culpa recae en un Jake Gyllenhaal que comprende a la perfección la naturaleza de su personaje, y también lo que representa. Con una apariencia pulcra, calmada y sin fisuras (con cierta reminiscencia, no casual, a la de Christian Bale en American Psycho), Gyllenhaal muestra a la perfección el perturbador camino hacia la demencia que hace el personaje de Bloom, ayudándose todo de una mirada fija y un inquietante media sonrisa que camuflan una mente calculadora e implacable. No es sólo lo que dice, sino cómo lo hace y las pocas posibilidades que deja para razonar en contra. Rene Russo es su gran víctima, pero también aliada, en una interpretación mucho menos vistosa, pero marcada por la inseguridad y desesperación que se esconden tras la supuesta autoridad del personaje.

Fotograma de Nightcrawler

Fotograma de Nightcrawler

Por si no era suficiente con la inteligencia del guión y la riqueza interpretativa de Nightcrawler, Dan Gilroy lo acaba de coronar con una realización exquisita y muy versátil; y eso que es apenas su primera película como director. Su capacidad para crear tensión en escenas clave se complementa con un gran uso de la fotografía, e incluso una secuencia de acción adrenalínica como hacía tiempo que no había visto ninguno. También la banda sonora de James Newton Howard encaja con gran precisión; casi sin hacerse notar, pero con un papel muy importante. Son propiedades técnicas que acaban de rubricar una obra íntegra y mayúscula, que contrasta la plena satisfacción de su visionado con las pésimas vibraciones del mensaje que envía.

Nightcrawler se podría considerar el mejor ejemplar de cine negro contemporáneo, ya que resulta doloroso admitir que vivimos en un mundo donde gente como Lou Bloom puede tener éxito, pero creo que poca gente se atrevería a negarlo. Es culpa de él, o nuestra? Solamente hay que comprobamos, día tras día, que es lo más visto y leído en los medios de comunicación, y también que echamos un vistazo al funcionamiento actual del mundo laboral. Nos daremos cuenta de que la respuesta no es nada alentadora. Mucho me temo que la realidad ya se encargará de recordarnos, y mucho, el que un día nos enseñó Nightcrawler.

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