Narcos – Segunda Temporada

Después de escapar de “La Catedral”, Pablo Escobar se ve obligado a actuar desde la sombra y vivir constantemente escondido de la policía. Aunque pisar el terreno en contadas ocasiones, despliega una enorme red de personas que ejecutan todos los pasos de su negocio de narcotráfico y acaba convirtiéndose en uno de los hombres más ricos del mundo. A la vez, sin embargo, la DEA y el cuerpo especial colombiano intensifican sus recursos para encontrarlo y se van acercando progresivamente. La irrupción del cártel de la droga de Cali, que también busca como sea la caída de su competidor Escobar, aunque añade más interés.

Tras arrasar con su temporada inicial, Netflix tenía claro que tenía buena parte de la partida ganada con el lanzamiento de la segunda entrega de Narcos. Tanto, que ni siquiera su propia campaña de marketing se molestó en marear la perdiz respecto la resolución que tendrían estos 10 capítulos nuevos: “Pablo muere”, decían algunos de los carteles que lanzaron online. Tampoco había que ser demasiado avispado para preverlo. Así pues, conocedores ya del final y sin ningún tipo de incógnita a desvelar en este sentido, sólo había que ver si el trayecto hasta llegar sabía mantener el alto nivel de ritmo y entretenimiento que nos había regalado la primera temporada, y la verdad es que así ha sido. La serie dispone de teca suficiente para llenar todo el camino sin dejar prácticamente ningún descanso entre los diferentes hechos relevantes, pero a la vez muestra una buena capacidad para gestionar narrativamente una trama que crece en amplitud y en ambición, aunque no siempre en matices.

Globalmente, esta 2ª temporada de Narcos apuesta por la continuidad estilística, de modo que si nos dicen que en realidad hemos visto una sola temporada de 20 capítulos, resultaría perfectamente concebible. Si bien es cierto que habría sido extraño que la serie cambiara de fisonomía o estructura a “medio camino” de su objetivo final, también es pertinente apuntar que ésta ha puesto un relativo piloto automático y no ha arriesgado más de lo necesario. No obstante, se detecta un aumento de la espectacularidad en las escenas de acción (supongo que la serie ha dispuesto de más recursos), y también se han acentuado las imágenes sanguinarias sin miedo a la explicitación. Tampoco se ha escatimado dureza en algunas escenas, aunque evidentemente sería un sin sentido que Narcos intentara suavizar los hechos que cuenta. Con todo, la serie consigue de nuevo un equilibrio en el tono que le permite llegar a una enorme amplitud de espectadores.

Narcos - Segunda Temporada

Narcos – Segunda Temporada

Pero si hay dos aspectos que caracterizan la 2ª temporada de Narcos, estos son el claro acercamiento emocional que la serie busca entre el personaje de Pablo Escobar y el espectador, y la intensificación dramática que se percibe a medida que la resolución se va acercando. Las dos caras de Escobar se hacen mucho más evidentes, y se subrayan de forma respectiva: por un lado, el marido y padre que se desvive por su familia, y del otro el criminal capaz de atacar todo y todo el mundo sin ningún tipo de escrúpulo. Aquí, la serie busca claramente que no llegamos a la resolución final odiando Escobar o deseando su muerte, sino que hayamos desarrollado una relación más ambivalente con él; sin justificarlo, ni mucho menos, pero tampoco simplificando su maldad. En este sentido, Narcos ofrece un par de montajes cruzados (Escobar en su casa y sus hombres “haciéndole el trabajo”) que muestran este contraste de forma brillante.

Este aumento del vínculo emocional se ve ayudado por un hecho que tiene una incidencia más que relevante, y es que Wagner Moura se muestra mucho más cómodo y confiado en el papel de Pablo. El actor brasileño consigue neutralizar su acento (que nos hacía hacer más de una mueca en varias ocasiones durante la primera temporada) gracias a una actuación muy sólida y carismática, que lo consolidan como uno de los personajes más icónicos de la televisión actual. Su lenguaje y su voz ya son todo un fenómeno. Tampoco hay que dejar de lado los agentes Murphy y Peña, que siguen evolucionando, aunque de una forma algo más intermitente, y que confirman que más allá de Narcos harían una gran pareja para una ‘buddy movie’ policíaca. Sus respectivas historias, a pesar de quedar en segundo plano, ayudan a entender los daños colaterales que puede conllevar una figura como la de Escobar.

Se podría decir, pues, que la serie ha aprovechado su madurez para pulir y perfeccionar su estilo, huyendo de grandes cambios de identidad y al mismo tiempo evitando cosas nuevas. ¿Se le podía pedir más ambición en Narcos? Seguramente sí, en el sentido de que no será recordada como una serie de enorme calidad. No obstante, al mismo tiempo nadie puede negar que se trata de un conservadurismo coherente y comprensible, y también muy en la línea de los productos que está ofreciendo Netflix. Cantado su final, la 2ª temporada transcurre sin la presión de depender de esta conclusión, y se dedica a amenizar el camino de forma casi incansable gracias al aumento de participantes en la trama global ya las vueltas y vueltas que se puede permitir hacer gracias a todo el contenido de que dispone. De cara a las dos próximas temporadas ya anunciadas, y aprovechando el obligado cambio de focalización de la serie, tal vez estaría bien que Narcos y Netflix atrevieran a dar un paso más allá y buscar una personalidad diferente. Por lo menos, la de Pablo Escobar ya no la tendrán.

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