Los amantes pasajeros

Coloridos personajes piensan vivir sus últimas horas en un avión que vuela a México.

La vulnerabilidad del peligro provoca una catarsis general que se convierte en la mejor manera de escapar de la idea de la muerte. Bajo el fondo de una comedia desenfrenada y moral, todos estos personajes pasan el tiempo haciendo confesiones inesperadas con la finalidad de ayudarles a olvidar la agonía del momento y enfrentar el mayor peligro: el que cada uno lleva. Almodóvar define la película como “una comedia coral, moral, oral, irreal o poco realista“.  

Crítica de cine. Los amantes pasajeros

Ciertamente, Pedro Almodóvar no deja de sorprendernos. Con Volver y sobre todo Los abrazos rotos – dos melodramas que extrenaban una nueva línea de cine – pensamos que el cineasta manchego había pasado a realizar una forma de “cine escarmentado”. Todo ello sin contar su anterior película La Piel que Habito, un thriller transgénero de eficacia clínica totalmente confuso. Con Los amantes pasajeros, realiza un giro de 360 ​​grados y vuelve a la comedia de la época de la Movida que ha sido su marca registrada. Pero ¿qué pasa con este regreso al pasado de más de treinta años después, funciona este regreso a casa?

Con su genérica ultra-gráfica y resueltamente ochentera imaginería, los amantes pasajeros inmediatamente se pone a tono. La película es pop, colorida y estrafalaria, como también la secuencia en la que vemos en la pista de aterrizaje, una escena deliberadamente realizada entre Penélope Cruz y Antonio Banderas (para la historia, con los dos actores favoritos del cineasta que nunca habían tenido la oportunidad de reunirse en la pantalla). Como en Mujeres al borde de un ataque de nervios, Almodóvar hace hincapié en la unidad de lugar y se encierra en un avión junto a toda una galería de personajes que creen estar viviendo sus últimas horas. Nos cruzamos con los tres tripulantes de cabina más gay que podamos imaginar (como Javier Cámara, el héroe de Hable con ella), una medium que quiere perder su virginidad (Lola Dueñas), una esposa amante, sacerdotisa de la prensa sensacionalista, que tenía negocios con los políticos (brillantemente interpretada por Cecilia Roth), un asesino a sueldo, un matrimonio joven obsesionado o un copiloto que no sabe exactamente dónde está su sexualidad. Pasando alegremente de la polla al culo, el escenario supone una pequeña anécdota mientras que la realización no siempre brilla por su rigor. Las pocas secuencias que nos sacan fuera del avión también tienen un lado decreciente que no ayuda a estructurar el conjunto. Lo que más interesa a Almodóvar (quien dice haberse inspirado en las comedias americanas), es sobre todo el estudio de los personajes y lo que pueden aprender en una situación de crisis.

Los amantes pasajeros no es una paradoja. La película quiere dar un lugar preponderante a los personajes y, sin embargo, a primera vista, son todos estereotipos. A algunos espectadores les resultará difícil ignorar esta primera impresión. Sin embargo, aunque la película del manchego abusa de clichés tiene al menos el mérito de alimentar el potencial cómico de la película. Esto es especialmente cierto con los diversos personajes gay cuyo enfoque excesivamente años ochente utiliza los códigos de humor camp. Con la misma histeria comunicativa que las mujeres (por lo general en el centro de las comedias de Almodóvar), se encadenan réplicas saladadas, como las drag queens que entran en la escena. También están en el origen de la secuencia de la película más exitosa. Adoravle, este pasaje coreografiado por Blanca Li es el momento en que la cámara de Almodóvar se muestra más inspirada al demostrar el ingenio real en los planes de construcción y en la aprehensión del espacio.

Con el fin de comprender los problemas de los amantes pasajeros, también debemos aceptar que estos estereotipos no son otra cosa que no sea el tema principal de la película. Almodóvar los exhibe, los empuja a sus límites para deconstruir mejor y dar lugar a nuevas verdades. En la película, cada personaje es llevado a descubrir su verdadera identidad en rincones inesperados, a menudo en un juego de espejos con otros personajes. Esta interacción entre lo verdadero y lo falso eventualmente se convierten en fundamentales para cruzar Los amantes pasajeros como un hilo rojo. La película española comienza con esta advertencia: “Todo lo que sucede es ficción y fantasía“; se dan pastillas para dormir a los pasajeros de segunda clase para no tener que decirles la verdad sobre el problema técnico que tiene el avión, Joserra admite que tiene dificultades para acostarse y tiene secretos personales (última línea de la película), droga a Norma… En cuanto al aeropuerto fantasma donde el avión es probable que aterrice, qué llama “La Mancha”, el país de Don Quijote y los molinos de viento. En suma, Almodóvar sigue señalando el aspecto ficticio de la película, una manera de decir que todo es juego y fuegos artificiales. A través de este proceso de distanciamiento, también invita a reflexionar sobre el uso del género al que apela.

Los amantes pasajeros no tiene nada del accidente aéreo del que algunos críticos se han hecho eco. Esto no significa que la fuerza dramática o los procesos estéticos tengan suficiente valor para convertirla en una gran película española. La falta de encarnación que asumen los personajes quizá suponga algo. Quizá algunos críticos de cine hayan fantaseado demasiado sobre el retorno a la comedia de Almodóvar y esperaban encontrar la misma espontaneidad de sus primeras cintas. Pero no hay que olvidar que el contexto de España ya no es el mismo. Almodóvar dice, en efecto, que la película puede ser una metáfora de la situación en su país, crisis, girando en torno a la imagen de esta desorientación del avión. En esta perspectiva, el uso de la comedia “Movida” sirve para verla como un homenaje nostálgico a una época, sin embargo, con alegría y sexualidad desenfrenada. Ahí radica el poder del cine para ofrecer una respuesta estética a una realidad que puede parecer imposible. Porque como Almodóvar, Los Amantes personajes pasajeros son hijos de la Movida madrileña y no se esconden. Por otra parte, constantemente se buscan mediadores (drogas, alcohol, una canción) que les permita tocar los restos de su paraíso perdido para responder mejor a su transgresora locura (y la película va mucho más si pensamos en una “homo-normalización” del mundo). En el espacio ficticio ofrecido por Almodóvar, este pequeño mundo ha envejecido rápidamente y se deja llevar al juego a los orígenes de esta experiencia que les servirán como entrega artificial en múltiples niveles.

Aunque Los amantes pasajeros no es lo que muchos esperaban, puede resultar entretenida más allá de los clichés presentados.

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