Lejos de los hombres

El año 1954, en plena guerra entre el ejército francés y los rebeldes argelinos, Daru, un profesor que da clases a niños en una apartada escuela en pleno desierto, se encuentra con la misión de escoltar un ciudadano acusado de haber matado su primo. A pesar de su intención de dejarlo libre, al final se ve obligado a cumplir su cometido y los dos emprenden un camino donde se empezarán a conocer y se encontrarán, de rebote, con las consecuencias del intenso enfrentamiento que tiene lugar el país africano.

La estupidez de la guerra es un tema ampliamente tratado e interpretado por decenas de películas, pero cualquier historia de esta naturaleza se puede volver genuina si se adentra en la vertiente más íntima de ciertas personas afectadas, y además cuenta con una exposición particularmente elaborada a nivel formal. Lejos de los Hombres nos traslada al centro de la Guerra de Argelia, pero lo hace siguiendo la estela de dos hombres que, a pesar de no tener ninguna implicación directa, sufren las consecuencias a nivel personal. El director francés David Oelhoffen adopta un formato de western clásico, en un viaje en pareja donde el paisaje recorrido y las condiciones externas no resultan tan importantes como el verdadero descubrimiento interior de los personajes. Las grandes interpretaciones de Viggo Mortensen y Reda Kateb hacen la contribución definitiva.

El ritmo contenido de la acción requiere paciencia, pero no evita la contundencia del mensaje de Lejos de los Hombres. En un país y una época en que la bondad humana parece una calidad en extinción, el filme junta dos almas supervivientes que, a pesar de no tener nada aparentemente en común, comprenden que son lo más parecido que tanto uno como otro pueden encontrar en su alrededor. La guerra les otorga un papel, un bando por el que luchar, pero ellos intentan huir de esta situación y sobrevivir por su cuenta; y es que es en tiempo de guerra cuando resulta más necesario quedarse lejos de los hombres, lejos de toda la estupidez que genera el belicismo. Aunque la sutil sensación de esperanza que genera el retrato de este compañerismo repentino entre dos víctimas colaterales por parte de Oelhoffen, Lejos de los Hombres se caracteriza sobre todo por un fatalismo y una tristeza que van calando poco a poco.

Fotograma de Lejos de los hombres

Fotograma de Lejos de los hombres

El director realza el entorno inhóspito del relato con una planificación muy cuidada, empezando por la modélica presentación del solitario protagonista, Daru, y su labor como profesor de escuela. Mientras el resto de hombres se enfrentan con un fusil en la mano, él procura que la siguiente generación no tenga que hacerlo. Cuando llega su acompañante accidental, proveniente de un contexto completamente diferente, nos acaba de perfilar su personalidad. En el trayecto que ambos emprenden, Oelhoffen no sólo se ayuda de la exquisita fotografía y la impresión que generan de por sí los paisajes desérticos argelinos, también de un trabajo sonoro preciso y casi palpable, dominado por la notoria banda sonora Nick Cave y Warren Ellis. Los diálogos no abundan, pero son relevantes, sobre todo para conocer progresivamente el pasado de los dos protagonistas, así como para entender la complicada situación desde la que afrontan su destino.

El trabajo de Viggo Mortensen y Reda Kaleb equivale en contención al tono global de Lejos de los Hombres. Sin prácticamente dibujar ni un solo sonrisa en toda la película, Mortensen vuelve a demostrar una especial entrega cuando se aleja de los proyectos más masivos, y explota mejor que nunca su expresión más melancólica, pero a la vez fría, segura e implacable . También vuelve a poner de manifiesto su admirable capacidad políglota, esta vez hablando en francés, árabe y español. Por su parte, Reda Kaleb queda algo empequeñecido a su lado, pero aguanta el tipo con oficio y una muy buena credibilidad. Para el público español, destaca también la presencia testimonial de la veterana Ángela Molina, aunque aparece en la que probablemente es la escena más prescindible de toda la película.

Fotograma de Lejos de los hombres

Fotograma de Lejos de los hombres

La intimidad y sencillez de Lejos de los Hombres contrasta con su entorno, donde lo más fácil sería dejarse llevar por el efectismo bélico o bien posicionarse políticamente en medio de un proceso de descolonización que resultó de lo más sanguinario. Sin embargo, y aunque parte de su viaje sí se ve del todo involucrado en el conflicto, el interés de Lejos de los Hombres mantiene su punto de mira en las consecuencias personales de sus protagonistas y su particular reto de supervivencia. Quizás es la propia condición del filme la que evita una mayor emotividad en su huella, pero la sensibilidad y humanismo con que aborda la narración hasta su cierre dejan un sabor de boca especial: aquel que pertenece a las pequeñas películas que explican mucho más de lo que muestran.

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