Las brujas de Zugarramurdi

Después de haber realizado La chispa de la vida, Alex de la Iglesia, muy productivo en los últimos años, abandonó la lectura de la sociedad española (aunque la película se desarrolla en un contexto social específico) para volver plenamente al cine en el que triunfó. En Las brujas de Zugarramurdi regresa con su mitología barroca de brujas malvadas a ofrecernos un espectáculo entre el horror y la comedia de Grand Guignol. Tan sorprendente como alocada, la nueva película de Alex de la Iglesia, no te dejará sorprendente.

La crisis económica que barre nuestro país no ha escapado de la mirada del director, que lo utiliza como guión detonador, colocándolo en escena a José y Tony, un dúo masculino protagonista desesperado por conseguir unos cuantos euros. Su plan: robar en un Compro Oro a plena luz del día en el centro de Madrid. Ayudado por el joven hijo de José, disfrazados de artistas de la calle para pasar desapercibido, se las arreglan para robar una gran cantidad de joyas, pero la fuga resulta ser mucho más compleja de lo planeado. Tras tomar como rehén a Manuel, un taxista que pasa por allí, se deciden a cruzar la frontera francesa. Pero en el camino cruzan por Zugarramurdi, meca de la brujería, donde les esperan algunas sorpresas.

Las brujas de Zugarramurdi

Las brujas de Zugarramurdi

Como todos sabemos, el mundo de la magia negra se asocia con el género femenino. Aunque los magos han hecho su aparición en el cine y la literatura progresista (Harry Potter a la cabeza), el mito sigue profundamente asociada con el sexo débil. No es de extrañar entonces que las brujas sean mujeres. La oposición binaria entre los cuatro personajes masculinos y la horda de brujas podría explicarse fácilmente. Pero esta guerra de sexos, en la que los hombres son víctimas absolutas de las arpías femeninas, va más allá de la mera confrontación simbólica para convertirse rápidamente en el tema central de la película. José está divorciado y su ex parece hacer todo lo posible para que la separación sea más dolorosa. Manuel se ha unido a la causa de los ladrones, porque se siente el juguete de la tiranía de su esposa. En cuanto a Tony, el playboy de pacotilla, ve en las mujeres únicamente su erotismo. Explícitamente misógina, transfigura a todas las mujeres en sádicas y manipuladoras.

El descubrimiento de las brujas pincho, lideradas por Graciana (Carmen Maura) y su hija Eva (Carolina Bang) sólo refuerzan este efecto. Totalmente histéricas y malvadas, disfrutan de la idea de perseguir a los hombres. Y como la venganza es un plato que se sirve frío, las heroínas de Alex de la Iglesia desafían las cosas unos pocos siglos después de ser perseguidas. A pesar de contar con un presupuesto significativo (la escena de persecución en Madrid y muchos efectos especiales), la película parece atascarse en este ataque a la feminidad, tanto es así que terminamos por olvidar la narrativa, por otra parte floja, manteniendo sólo el panfleto con violencia misógina. Agobiada por una fotografía a menudo fea, las brujas de Zugarramurdi es más para mirarla que para verla. A pesar de contar con un final apoteósico (que no revelaré), que resulta en una secuencia alucinatoria, grotesca y diabólicamente encantadora, no perdemos de vista el propósito grosero, a imagen del despojo de Eva, objeto de deseo de cualquier porno paleto. Las mujeres, las brujas o los simples mortales, sería la visión de esta película, son bestias con emociones incontrolables, una lectura arcaica de una estupidez increíble.

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