La revolución del cine francés

Desde 1895 hasta nuestros días, Francia ha sido escenario de movimientos importantes en torno a la industria cinematográfica: los Lumière patentaron el cinematógrafo y lo dieron a conocer al mundo; surgieron las primeras corrientes cinematográficas (con los propios Lumière y Melies); cuando el cine parecía haber dado todo de sí como expresión artística, los franceses llegaron con el impresionismo y, junto con movimientos artísticos de otras naciones, renovaron la representación a través del celuloide; entre 1965 y 1971, la “nueva ola” logró que películas de autor se volvieran una constante y dieran nuevas propuestas de lenguaje; en la década de los ochenta -cuando las cinematografías de todo el mundo, a excepción de EU., estaban en seria crisis-, el cine francés se mantuvo como uno de los más fuertes, posición que refrendó en la década de los noventa.

Al igual que la industria de cine en España -una de las más fuertes en Europa-, la de Francia ha sabido dar batalla a Hollywood (modelo mercadotécnico por excelencia), incluso le ha aportado destacados realizadores, como Jean Jaques-Anaud (El nombre de la rosa, El oso, Siete años en el Tíbet), quien ha sabido negociar su porcentaje monetario en producción con una major como Sony, y Luc Besson (Nikita, El quinto elemento, Taxi, Juana de Arco), así como actrices y actores de la talla de Sophie Marceau, Gerard Depardieu y Juliette Binoche, por mencionar los más conocidos en la actualidad. Además de que lo novedoso de los temas que se tratan en sus cintas, así como las formas de creación de imágenes, ha orillado a los grandes estudios a hacer taquilleros remakes (Tres hombre y un bebé, La jaula de los pájaros y un largo etcétera).

Lo que hace diferente al cine francés del norteamericano (fuera del independiente) o de otras cinematografías, es la vanguardia de sus filmes. Fuera de la parafernalia publicitaria provocada por Bajos instintos, por ejemplo, varias películas francesas ya habían abordado (y con resultados artísticos mayores) temas escabrosos que incluyeran no sólo escenas atrevidas de cama, sino procesos psicológicos elaborados y bien representados.

Cine francés

Cine francés

Aún con todo, quienes participan en la industria de cine de Francia han encontrado serias limitaciones para sostener o hacer crecer al sector, como es la capacidad económica de las majors, lo cual les permite tener el control absoluto de un filme y distribuirlo con el mismo peso de mercadotecnia en todo el mundo. Amén de otros aspectos importantes: la falta de estrellas que sean aceptadas de igual forma en casi todo el mundo y vendan tanto como las figuras creadas por el cine norteamericano o que el idioma sea una limitante. En ese sentido, no es extraño que algunos productores y realizadores hayan elegido el inglés como el idioma de un filme de altos vuelos de producción francesa, como Juana de Arco o Damage (Louis Malle, 1992).

Aún con todo, el cine francés ocupa un lugar importante en el escenario cinemático mundial, no es gratuito, entonces, que Cannes sea el festival más importante del orbe y no sólo en cuestiones artísticas, sino de mercado.

Las cifras de esta industria en Francia la ubican como la primer cinematografía de Europa, siendo Italia, Inglaterra y España, los países que más se le acercan. En promedio, los franceses producen más de 100 filmes al año, cantidad a la que difícilmente llegan las naciones mencionadas. A esto se le suma el hecho de que los franceses creen en el desarrollo de industria de otros países y son los que más coproducen a nivel mundial.

Aunado a lo anterior, el mercado francés es de los más importantes (compitiendo con Alemania e Inglaterra en cuanto a recaudaciones para películas hollywoodenses), ya que cuenta con más de 4,500 salas de exhibición, algo así como 70 pantallas por millón de habitantes.

La única explicación que se puede dar para entender cómo la industria de cine en Francia ha mantenido un crecimiento constante es la renovación de sus formas de representación, apoyado en el talento de realizadores, como Kounen, Breillat, Carax o Masson; amén del compromiso que esa industria tiene con sus más de 136 millones de espectadores.

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