La herencia de Miyazaki

Tras el anuncio de la jubilación del director de cine japonés, de 73 años, Miyazaki es necesario un pequeño balance de su obra. Más allá de echarle de menos, que también lo vamos a hacer, habrá que poner en valor sus aportaciones.

Ghibli
Fundada en 1985 por Miyazaki e Isao Takahata, Ghibli se ha convertido en uno de los estudios de animación más influyentes de los últimos veinte años. Compite con la Toei, la enorme estructura japonesa que conoció el nacimiento de los dos cineastas, y surge, al menos en Japón, como el único rival de Disney digno de llevar ese nombre tanto en materia de influencia artística como de poder económico (Ghibli es una productora de culto y una mina de oro que no sólo se nutre de sus películas, sino a través de un merchandising masivo que no tiene nada que olvidar a la empresa del ratón de las orejas grandes (peluches, figuras, incluso un parque de atracciones forman parte del conglomerado Ghibli). Un gigantismo basado solamente en las películas de sus fundadores (Takahata ha firmado “La Tumba de las Luciérnagas” o “Mis vecinos los Yamada” ), que se enfrenta al problema de la renovación. Porque aunque el hijo de Miyazaki, Goro también es director, sus películas están hechas a las órdenes de su padre y no suponen una alternativa real.

Ecología

La naturaleza está en el centro del universo Miyazaki. Siempre hay un espacio en la obra en el que aparece una representación humana, o por el contrario, biotopos milagrosamente preservados, impregnados de una especie de pureza original (el bosque de “Mi vecino Totoro“). Vamos a explicar rápidamente esta afición: al igual que la mayoría de japoneses de su generación , Miyazaki es un niño traumatizado por Hiroshima. En “Nausicaa“, su segundo largometraje (1984), el espectro de la contaminación devastadora toma las características de una catástrofe nuclear. Aunque nunca es catastrofista, sus películas más bien ponen en escena el sueño de una ecología donde la civilización y la naturaleza coexisten en armonía, a menos que formen un perfecto equilibrio pragmático: “El castillo en el cielo” , o “El castillo ambulante” por nombrar algunos ejemplos, y están llenas de edificios sofisticados a los mecanismos “limpios”.

Hayao Miyazaki

Hayao Miyazaki

Ingravidez
Los títulos son suficientes por hablar de esta peculiaridad de Miyazaki: “El castillo ambulante“, “El castillo en el cielo“… “Porco Rosso“, que es la historia de un aviador . Y “Nicky, la aprendiz de bruja”, la tragedia absoluta de la heroína cuya escoba de repente pierde su función de vespa volante. El aire y el agua (en menor medida) es un marco que se adapta mejor que el continente a el estilo de Miyazaki, una suerte de espacio ilimitado propicio para las circunvoluciones más salvajes. La ingravidez es ideal en el que se desarrolla la imaginación del maestro: un mundo cambiante, multiforme y completo, un mundo salvaje capaz de marearnos a la mínima de cambio.

Mitologías
La riqueza de las películas de Hayao Miyazaki no solo están en su apariencia visual como en su poder evocador. Sus películas son una mezcla compuesta de arquitectura de diferentes períodos (Leonardo da Vinci, Julio Verne, la Viena de principios del siglo XX, “La Gran Ola de Kanagawa” de Hokusai entre otras influencias). Esta noción de la vorágine también se encuentra en sus historias: “El viaje de Chihiro“, obviamente, toma prestado de Lewis Carroll, pero también de la mitología griega cuando los padres de Chihiro son transformados en cerdos después de disfrutar de una fiesta, al igual que los compañeros de Ulises en la “Odisea”. Las figuras de brujas, guerreros, princesas o espíritus proliferan en el universo Miyazaki.

Premios
Miyazaki cuenta incluso con más premios que Pixar, cuyo cuyo reconocimiento artístico se limita a la prensa, Miyazaki es el único director de cine de animación de su época que ha ganado en grandes festivales de cine. Oso de Oro en Berlín en 2002 por “El viaje de Chihiro“, que supuso su reconocimiento internacional, previamente iniciado por la nominación de “La princesa Mononoke” al Oscar a la mejor película extranjera en 1998. No es de extrañar entonces que el cineasta haya optado por anunciar su retiro en el Festival de Cine de Venecia… donde presentó su última película en competición, “The Wind Rises“.

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