Intolerancia religiosa y cine

La Guerra de los Treinta Años (1618-1648) fue un conflicto europeo que enfrentó católicos y protestantes. Pero la religión no fue la única causa de la guerra: hasta cierto punto, fue una excusa, ya que también se trataba de una lucha de poder entre los príncipes centro-europeos y el emperador; y Suecia entró en guerra al lado protestante para defender sus intereses sobre la región báltica; y Francia, que era un país católico, se unió al bando protestante para dar la lata a los españoles…

Los bandos en conflicto no tenían un ejército nacional y los soldados eran mercenarios. Si no cobraban a fin de mes, cambiaban de bando. Y, en cualquier caso, arrasaban los pueblos que encontraban por el camino: robaban el ganado y toda la comida que encontraban, violaban a las mujeres, mataban a todos y quemaban las ruinas que dejaban a su paso. No fue ninguna broma. Muchos campesinos se hacían soldados porque tenían más posibilidades de sobrevivir. Muertos los campesinos, nadie cultivaba la tierra y llegaba el hambre. Con el hambre y con los movimientos de la población llegaron las epidemias. El resultado: la muerte de la mitad de los alemanes y entre un quince y un veinte por ciento de la población europea en su conjunto.

El último valle

La película “El último valle” (1971), dirigida por James Clavell y protagonizada, entre otros, por Omar Shariff, Michael Caine y Florinda Bolkan, no es un prodigio de sutileza pero, tal vez por la misma razón, y ilustra eficazmente el horror que se vivió en Europa por entonces. El título hace referencia a un pequeño valle que, gracias a las montañas que la rodean ya una supuesta intervención de la Virgen, ha sobrevivido a muchos años de conflicto. Pero, un día, los soldados llegan. La suerte querrá que también llegue un antiguo profesor de la universidad de Heidelberg (Shariff), un hombre con sentido común y principios que convence al capitán de los mercenarios (Caine) para que respete las vidas de los campesinos y, de este modo, todos podrán sobrevivir durante el invierno. Y, cuando llegue la primavera, pues ya veremos. Los soldados aceptan pero exigen comida y mujeres. La convivencia no será fácil. Un cura fanático y una acusación de brujería acabarán de complicar la situación.

Fotograma de El último valle

Fotograma de El último valle

El profesor y el capitán son personas inteligentes que han vivido todo tipo de horrores y han perdido la fe en Dios y en los hombres (en sus conversaciones, hacen referencia a la ciudad de Magdeburgo, los veinte mil habitantes de la cual fueron aniquilados por las tropas mercenarias, o al juicio, tortura y ejecución en la hoguera de una niña de seis años acusada de brujería).

El último valle” adapta una novela de J.B. Pick. El guión es un poco esquemático pero prevalece el realismo de las imágenes, la emotiva música de John Barry y la interpretación que hace Michael Caine del personaje más interesante de la función, el soldado profesional que no duda a la hora de matar, descreído pero todavía humano, frágil y solitario bajo su máscara de frialdad.

El nombre de la rosa

El nombre de la rosa” (1986), dirigida por el francés Jean-Jacques Annaud, adapta modélicamente la densa obra de Umberto Eco y también habla de una Europa sumida en la oscuridad por culpa de la intolerancia religiosa.

Fotograma de El nombre de la rosa

Fotograma de El nombre de la rosa

Como en la novela, la acción transcurre en el siglo XIV. En un convento lóbrego del norte de Italia, jesuitas y franciscanos se reúnen para hablar de un tema que preocupa a la cristiandad: llevaba Jesús una bolsa con dinero? Esta cuestión no era tan fútil como puede parecer a primera vista en una época en que la Iglesia acumulaba riquezas; precisamente, la conducta poco ejemplar de los Papas originó un par de siglos más tarde la reforma de Lutero, que, a su vez, terminó propiciando la Guerra de los Treinta Años.

La discusión pronto queda relegada a un segundo plano cuando una serie de asesinatos misteriosos se producen al convento. El sensato franciscano William de Baskerville hará honor a su nombre y ejercerá de Sherlock Holmes -ayudado por su Watson particular: Adso de Melk, su pupil- para descubrir quién o qué es la causa de unos crímenes que, como era habitual en estos casos, también se atribuían a la intervención del demonio y de brujas y herejes. No quiero hacer un spoiler por si alguien aún no ha visto esta película tan entretenida pero señalaré que algunos monjes no ven con buenos ojos los libros guardados en la inmensa y laberíntica biblioteca que hablan de la importancia del humor.

Y es que, entonces como ahora, el humor es enemigo de los fanatismos. La sátira es necesaria -siempre lo ha sido- porque hay que erradicar los tabúes y hacer limpieza de la basura que ensucia los cerebros y que atiza el odio entre las personas. Y cada uno que crea lo que quiera, pero una risa no hace daño a nadie. Duelen las espadas, el veneno, los kalashnikov.

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