Frío en julio

En una pequeña localidad de Texas, Richard Dane es un hombre bondadoso que vive tranquilamente con su mujer y su hijo, hasta que una noche siente como un intruso ha entrado en su casa. En un intento de defenderse, y casi de forma involuntaria, Richard dispara y mata al intruso, lo que lo convierte en todo un héroe local en el pueblo. Sin embargo, enseguida comprueba que su acción puede tener consecuencias peligrosas para él y su familia, y se ve obligado a tomar medidas de protección.

Con tan sólo 35 años, Jim Mickle es uno de los nombres destinados a encabezar la nueva hornada de directores estadounidenses. Después de un inicio de carrera básicamente orientado al género de terror independiente, su cuarta película podría suponer un antes y un después que con toda seguridad le hará subir escalones dentro de la gran industria “hollywoodiense”. Frío en Julio es una obra bastante particular, que construye su personalidad cogiendo trozos de muchas otras, consiguiendo así descolocar de forma repetida a un espectador que lo tiene bastante difícil para acertar el rumbo de la historia. Aunque moverse entre la versatilidad y el desconcierto, se trata de un thriller potente y atrevido, con una dirección muy sólida y un gran efecto potenciador por parte del carisma individual de tres protagonistas como Michael C. Hall, Sam Shepard y Don Johnson.

Podríamos definir Frío en Julio como una mezcla de thriller policiaco, cine negro clásico, ‘road movie’ ochentera y western contemporáneo; todo ello, rodeado por una cierta aura de serie B. Este completo mestizaje de géneros, referencias y homenajes pone obstáculos a la cohesión de la película, hasta el punto de que algún espectador se puede preguntar qué tipo de film está viendo exactamente, pero a la vez deriva en momentos evocadores que hacen las delicias de todo cinéfilo. De hecho, la sensación es que lo que había empezado como un thriller paciente y frío poco tiene que ver con la fogosidad y escasos escrúpulos que ofrece su conclusión. Aunque el argumento de Frío en Julio avanza a fogonazos, de forma algo errática y dispersa, el filme no pierde atractivo para quien hace el ejercicio de no tomarse su trasfondo de forma demasiado seria.

Tras la cámara, Mickle consigue dotar a las escenas clave de una gran tensión, con un muy buen control de los tempos narrativos, especialmente en aquellas donde son las pausas -más que la acción- las que realmente llevan las riendas de la escena. Los diálogos cara a cara entre Michael C. Hall y Sam Shepard durante el primer tramo son los mejores exponentes. A nivel musical, el director estadounidense se ayuda de una banda sonora tan contundente como arriesgada, ya que su base electrónica “retro” al más puro estilo John Carpenter parece, por momentos, algo desubicada. En todo caso, contextualiza la acción donde le corresponde (finales de los 80) y demuestra cierta coherencia con la heterogeneidad del conjunto, así que, personalmente, no me parece nada inapropiada; una buena muestra es la atmósfera que crea para el clímax final, que pone los pelos de punta.

Fotograma de Frío en Julio

Fotograma de Frío en Julio

La fórmula conglomerada de Frío en Julio también queda del todo plasmada en su trío protagonista. Michael C. Hall es quien lleva la batuta en el primer tramo del film, en un papel donde su mirada fría y penetrante a lo Dexter queda impregnada de inexperiencia y temor, pero también de valentía. Con un “look” nada favorecedor, Hall interpreta a un padre de familia del todo ajeno a las violentas situaciones que le toca vivir, pero que aprovecha la complicación de la trama para implicarse de lleno y así evadirse de una vida monótona que lo tenía atrapado. Por el contrario, Sam Shepard impone toda su veteranía y rudeza desde el primer minuto, mientras que Don Johnson casi se autocaricaturiza, pero es el que más cómodo se siente con el estilo de la película. Juntos, forman un tridente sin lugar química personal, pero que actúa empujado por un gran sentido de la convicción y de la justicia, a pesar de la ambigüedad moral de sus actos.

Frío en Julio es una receta donde el sabor del plato final funciona más por los ingredientes específicos que forman parte que por su proceso de cocción, y es por eso que está destinada a conectar con aquellos espectadores que, de forma subjetiva, lo aprecien de esta manera. Los que hubieran preferido una historia constante y bien hilvanada de principio a fin, harán honor a la frialdad del título de la película y saldrán un poco decepcionados; y será del todo comprensible. En mi caso, sin ensalzar de forma exagerada, sí me dejo llevar por el valor de estos diversos regalos que Frío en Julio deja por el camino: la brillante construcción de algunas escenas puntuales, la gestión de la tensión narrativa, la cara dura de los giros argumentales, el sombrero y el Cadillac de Don Johnson, y este gran final que firmaría cualquier grupo de justicieros en un western vengativo. Jim Mickle ya ha demostrado que domina los géneros y que se alimenta con criterio de sus referencias; ahora, espero un producto más genuino de pies a cabeza.

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