El monstruo del armario

Otra perlita de la Troma. En este caso hablamos de una película dirigida por Bob Dahlin y producida por los célebres Lloyd Kaufman y Michael Herz. Entre los actores encontramos a Donald Grant, Denise Dubarry, Claude Atkins, Peter Hall y ojo ¡John Carradine!

La historia se desarrolla en Chestnut Hill, San Francisco. Hay una serie de asesinatos misteriosos en los armarios de esta ciudad y el periódico local envía al Glen Clark, el encargado de las esquelas a cubrir la noticia (por cierto, Glen Clark tiene un gran parecido con el personaje de Superman Clark Kent). Mientras cubre la noticia conoce a un profesor que esta investigando el caso (con un gran parecido con Albert Einstein) y a su subordinada, la profesora Diane Bennett, con la que protagoniza una historia de amor muy tópica y bastante graciosa. Entre el círculo de investigadores se encuentra también el cura del pueblo que siempre saca el lado moral a los asuntos relacionados con el monstruo. Al descubrir la noticia el ejército intenta destruir al monstruo pero ni con todo su potencial de armamento consiguen derribarlo. Al final la única manera de matar al monstruo es destruir su fuente de energía, los armarios.

El monstruo del armario

El monstruo del armario

Aparte del argumento, que ya es bastante curioso, la película está cargada de detalles curiosos que me gustaría comentar. La historia se supone que es una alegoría a la salida del armario de los gays y esto se hace más manifiesto aún cuando el monstruo se enamora del protagonista (Clark) y se lo lleva en su salida definitiva de los armarios. Por otro lado el personaje Glen Clark aparte del gran parecido físico con Clark Kent comparte la característica de que al quitarse las gafas cobra una fuerza excepcional y también la de ser un periodista con bastante poca responsabilidad en el periódico. Otro detalle interesante es la teoría absurda que deduce el profesor al ¿escuchar? una melodía en el grito furibundo del monstruo e intentar comunicarse con él mediante esta tonada que recuerda a la de Encuentros en la tercera fase. Por último es digna de destacar la exageración abusiva de los tics de los personajes hasta el punto culminante que llega cuando los cuatro investigadores ven al monstruo por la ventana de un edificio y en una serie perfecta van haciendo cada uno “su gesto” mientras otean con la mirada perdida hacia la cámara, en una clara actitud burlesca hacia el cine del circuito comercial.

En fin, que es una película entretenida, divertida, bizarra y con cantidad de momentazos y cameos, así que a reír con otro mito del cine garrulo y absurdo…

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