Dos tontos todavía más tontos

Uno de los días que Harry va a visitar Lloyd en el centro psiquiátrico donde lo cuidan, le cuenta que no podrá ir más y que debe irse porque necesita un trasplante de riñón, pero justo entonces descubre que éste lleva 20 años fingiendo su demencia sólo para gastarle una broma. Entonces, deciden ir a buscar la única persona compatible para dar un riñón a Harry, una hija de quien él desconocía por completo la existencia.

Para la generación que vivió la adolescencia durante los años 90, los nombres de Harry y Lloyd han quedado para siempre marcados como dos iconos del humor cinematográfico más idiota, delirante y profundamente inmaduro. Dos Tontos Muy Tontos (1994) fue el aclamado debut de Bobby y Peter Farrelly, dos hermanos que luego completaron un digno póquer de presentación gracias a Vaya Par de idiotas (1996), Algo pasa con Mary (1998) y Yo, yo Mismo e Irene (2000), siempre manteniendo el gamberrismo, la escatología y las pasadas de rosca como sello propio. Veinte años después de su debut, y supongo que como modo de homenaje, los Farrelly han decidido recuperar sus dos protagonistas por excelencia y presentar Dos Tontos Todavía Más Tontos, una secuela fiel que nos arranca más de una sonrisa nostálgico, pero que a la vez demuestra ser del todo innecesaria debido a su absoluto continuismo, sin ningún tipo de riesgo o originalidad.

Obviamente no era tan ingenuo como para esperar una fórmula muy diferente a la del filme original, pero cuando recuperas un proyecto veinte años después, hay que tener en cuenta este paso del tiempo, y es aquí donde los hermanos Farrelly han pecado de conformistas y también de confiados. En 2014 no son los años 90, y aquel humor infantil y sin complejos con que irrumpieron entonces, ahora ya no desprende la misma frescura. Entiendo que todo espectador que va a ver Dos Tontos Todavía Más Tontos lo hace con la primera parte en mente, y que la película tenía que conservar la esencia y apelar en gran medida a esta condición nostálgica; ahora bien, no se podían olvidar de un cierto componente evolutivo, una actualización, un motivo que, al fin y al cabo, justificara la decisión de hacer esta secuela. Lo que nos encontramos es, sin embargo, el mismo concepto de película, de personajes y de humor trasladado en la actualidad. Resultado: todo suena a repetido y todo funciona a medio gas.

Poster de Dos tontos todavía más tontos

Poster de Dos tontos todavía más tontos

Para empezar, la estructura del guión es prácticamente idéntica, y una vez más la historia avanza siempre a partir de malentendidos y casualidades. No pretendía encontrar nada muy refinado en Dos Tontos Todavía Más Tontos, pero este uso del mismo molde se habría podido camuflar un poco más. Por otra parte, y sin descubrir ahora que este tipo de películas funcionan a base de gags, el umbral de la estupidez global de la historia es alarmantemente bajo, con lo que toda la responsabilidad recae sobre la eficacia cómica de las estupideces de los dos protagonistas. No hay más recursos, ni siquiera un mínimo de misterio, acción, sufrimiento, ternura, lo que sea; alguna variante que rompa, aunque sea muy puntualmente, la constante dinámica de gag tras gag. Y es aquí donde llega el desgaste de Harry y Lloyd, ya que sus caras de idiota no siempre son suficientes para arrancarnos una carcajada.

Como siempre ocurre cuando recuperas dos personajes memorables de tu adolescencia cinematográfica, el primer reencuentro con Jim Carrey y Jeff Daniels caracterizados como Harry y Lloyd tiene un carácter inevitablemente entrañable (aunque en el caso del segundo impacta con más fuerza si has seguido la serie The Newsroom). Por desgracia, la vertiente nostálgica no lo sustenta todo. A pesar de las arrugas de más, los dos afrontan con oficio este retorno y se muestran dispuestos a volver a hacer el ridículo sin ningún tipo de reserva, pero no puedo evitar percibir que acaban imitando a sí mismos veinte años atrás. En realidad, esta es una consecuencia más del inmovilismo a la hora de concebir la película, de querer volver a hacerlo todo igual aunque hayan pasado dos décadas. No voy a negar que la vis cómica de Carrey vuelve a ser efectiva en muchas situaciones, que todavía es único poniendo sus caras, pero con Jeff Daniels tengo la sensación de que no le tocaba volver a hacer este papel.

Por mucho que haya incidido, cabe apuntar que la rebaja generalizada a nivel de frescura y atrevimiento que rodea Dos Tontos Todavía Más Tontos no desmonta por completo la película. Incondicionalmente fieles a su sello personal, los hermanos Farrelly vuelven a regalarnos algunos gags delirantes, especialmente durante los dos primeros tercios, cuando el filme aún no se ha desgastado. Vamos, que el grado de diversión está, pero se queda demasiado lejos de Dos Tontos Muy Tontos y pone las cosas difíciles a la hora de justificar esta secuela. El hecho más significativo llega seguramente con los títulos de crédito finales, cuando aparecen de forma paralela escenas de la primera y la segunda película. Veinte años después, ya pesar de haberlas visto en repetidas ocasiones, aquellas siguen haciendo más gracia que las que acabamos de ver.

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