Corazones de acero

Abril de 1945. La 2ª Guerra Mundial está a punto de terminar, pero en su avance dirección en Berlín, el ejército aliado topa con una dura resistencia de los nazis en el interior de Alemania. Aunque saberse claramente superado en número y también en poder armamentístico, el sargento de la Armada norteamericana Don Collier encabeza una misión de máxima dificultad a bordo del tanque “Fury”, donde la acompañan tres aguerridos soldados y una última incorporación de un joven novato sin ninguna experiencia en combate.

No corren tiempos prolíficos para el cine bélico. Después de una época dorada comprendida entre finales de los años 90 y la primera década de este siglo, el género ha pasado a un evidente segundo plano, lo ha hecho de forma especialmente acusada en el seno de la industria de Hollywood. Dada esta escasez de género, la aparición de un proyecto como Corazones de Acero (lamentable adaptación del título original Fury) me despertaba un interés especial, y su premisa de acción bélica pura y dura en pleno corazón de Europa durante la 2ª Guerra Mundial aún encajaba más con el perfil que había echado de menos durante los últimos años. Y el resultado ha sido del todo complaciente. Acotando en todo momento a su historia concreta y huyendo de masas grandilocuencias o mensajes profundos, Corazones de Acero ofrece un entretenimiento bélico notable gracias a la buena dirección de David Ayer y al gran trabajo de un reparto carismático que enseguida conecta con el espectador.

Corazones de Acero funciona porque va al grano y sabe acotar sus objetivos. El hechos que explica no marcan ningún inicio, ni final, ni siquiera un punto de inflexión de ningún gran episodio o hito clave de la guerra, sino que se focalizan en una de las muchas pequeñas historias que formaron parte. ‘Fury’ es sólo uno de los miles de tanques que se utilizaron, y sus ocupantes sólo son cinco hombres de entre los millones que llegaron a luchar. Aunque en contenga pequeñas dosis, no es una película creada para agitar conciencias, filosofar sobre el horror de las guerras o descubrirnos ningún nuevo secreto de aquel conflicto; simplemente, se une a una misión concreta y trata de hacernos la vida de la forma más inmersiva posible. Esto implica mucha dureza, angustia, brutalidad, tensión y también comportamientos sin ningún tipo de escrúpulo, pero también establece una relación más directa con los protagonistas de la historia, y David Ayer lo sabe captar todo con muy buen criterio.

Fotograma de Corazones de Acero

Fotograma de Corazones de Acero

A pesar de las atrocidades que muestra, el director estadounidense sabe extraer una belleza extraña de algunas de sus imágenes y revela una intencionalidad marcada en muchos de sus encuadres. Al mismo tiempo, responde con gran efectividad cuando rueda en pleno combate y al servicio del espectáculo, dotando la acción de un dinamismo y una emoción que nos hacen vibrar en la butaca. Tampoco aparta la mirada con según qué detalles macabros, si bien evita recrear en él. Cuando vemos David Ayer menos solvente es a la hora de gestionar las paradas en la acción, particularmente en un segundo acto que se estira de forma innecesaria hasta el punto de impacientarse hacernos un pelo. Es aquí también donde divagan un poco los diálogos, que a nivel global funcionan cuando tiran de gamberrismo o humor negro que cuando quieren ponerse más serios. Salvo estos obstáculos, Corazones de Acero mantiene un buen pulso narrativo y explota de forma sólida sus armas principales.

Entre estas armas, tiene un peso muy relevante el carisma que desprende el grupo protagonista. El choque entre las diferentes edades, personalidades, experiencias, creencias y grados de locura genera sus inevitables conflictos, pero éstos se convierten en un absoluto compromiso cuando toca trabajar en equipo. Junto con el tanque Sherman con el que viajan, al que la Corazones de Acero trata como un personaje más, funcionan como un único bloque. Brad Pitt es el gran nombre del reparto, y la verdad es que su actuación es imponente, ya que sabe aportar toda la sobriedad y liderazgo que requiere el personaje. Su aspecto, con la cara ligeramente demacrada y más hinchada de lo normal, contribuye. De entre los secundarios, todos ellos a un nivel global muy destacado, hay que subrayar el trabajo de un Jon Bernthal pasado de vueltas que se encuentra en su salsa y es el principal responsable de los -necesarios- momentos distendidos del filme.

Protagonistas de Corazones de Acero

Protagonistas de Corazones de Acero

A pesar de destacar más por otros aspectos, Corazones de Acero se esfuerza por explicar las terribles consecuencias que la 2ª Guerra Mundial tenía para todo aquel que participaba: desde perder la inocencia, a perder directamente la chaveta; o la vida, evidentemente. David Ayer no busca héroes ejemplares, ya que muestra comportamientos fuerza desechables, pero sí intenta explicar en cierto modo el trastorno que los días y días en primera línea de batalla provoca en todos ellos. Eso sí, el posicionamiento pro-aliado es bastante descarado, y sólo hay que escuchar la banda sonora que acompaña el ejército alemán -más propia de las fuerzas del mal de Mordor- para no esperar muchos matices en este sentido. La conclusión, no exenta de trampas, carga de épica una acción que a nivel visual no es especialmente abrumadora, y funciona muy bien como suministro emocional a la hora de cerrar la historia. Corazones de Acero queda por debajo de los grandes títulos bélicos, pero es un apreciable oasis que hacía falta para este género semidesértico.

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