Cine social: "La Haine"

Vivimos en una sociedad que olvida selectivamente, esto es, olvida aquello que desea olvidar. Y nos debiera parecer mentira, más aún, cuando constantemente recordamos el dolor y el sufrimiento que causaron hechos que ya no podemos cambiar y olvidamos el miedo, la desesperación de millones de personas que viven en un mundo que no les pertenece. Olvidamos las buenas obras, olvidamos que podemos hacer algo y olvidamos, también, qué era aquello de los Objetivos Del Milenio [1].

El cine no es sólo arte. También es un medio para influir en mentes y en vidas. Quizá por ello se esté desarrollando cada vez más una especie de Cine Social donde podríamos decir que Ken Loach es un magnífico director que ilustra bastante bien este ejemplo, aunque también tenemos al español Fernando León (con películas como “Barrio” o “Los lunes al sol”). Parece que incluso se haya dado cuenta de ello Al Gore, con su preocupante “Una verdad incómoda” sobre el inexorable cambio global.

Pues bien, decía aquello de que olvidamos aquello que queremos, porque ya ha pasado un año de la quema masiva de coches en Francia. No vamos a entrar aquí en si el problema se ha solucionado (entre otras cosas porque está claro que no) ni en lo que se debería hacer para que eso no ocurra. No obstante, no creo que le concierna sólo a los dirigentes políticos franceses ni que haya sido una sorpresa, pues, guste o no, el problema se preveía mucho antes.

 Si no me creen sólo se han de fijar en la película de Mathieu Kassovitz, “La Haine”, producida en 1995 y que se adelanta premonitoriamente a los hechos ocurridos en Francia el pasado mes de noviembre de 2005. Los inmigrantes de tercera generación no encuentran su lugar en una sociedad que los aparta, y ellos sólo pueden hacer preguntas, observar pasivamente su destino: “¿cómo se puede vivir sin empleo? ¿Cuanta pobreza puede soportar la democracia?”

Y es que, estamos insertos en las dinámicas globalizadoras, y el propio hecho de ver esta película así lo demuestra, incluso a aquellos acostumbrados a decir que van contra el sistema. Porque algo raro pasa cuando estamos viendo esta película, pero no sabemos qué. De repente, lo descubrimos: Es el tiempo. Pasa muy, muy lento. A un ritmo casi angustioso. En la mayoría de películas, el tiempo pasa rápido. Se cogen aviones, trenes, coches para llegar a otro sitio, muy rápido, muy fácil. En “La Haine” a Hubert, Vinz y Saïd, no les quedan trenes, ni les llevan en taxi, ni pueden robar un coche. No es casualidad, pues los personajes que describe Kassovitz están adscritos en el Cuarto Mundo, del que ya dijo U. Beck[2] que “en su tiempo nunca pasa nada (…) sólo les queda matar el tiempo”. Son los excluidos de la globalización. El tiempo pasa indefectiblemente sin ningún valor. Es la negación del capitalismo: nuestros personajes viven fuera del capitalismo y de sus reglas de juego. Para ellos, es más difícil llegar al Chez Bertrand en Saint-Ouen, cerca de París que para un turista inglés o un ejecutivo alemán.

Otro efecto a destacar en la película, es la utilización del blanco y negro para acercarnos más a esta historia, para que sea más real e incluso, diría yo, para que su situación nos parezca más deprimente, para que comprendamos los motivos de su odio, para que sepamos que hay vida más allá del color, del mundo que pasa rápido, de la lógica del capital.

En definitiva, esta película europea que ha pasado a ser una película de culto, es una película imprescindible para entender no sólo el mundo que nos rodea, sino, para entender aquello que siempre olvidamos: las demás personas que viven en este mundo.

Para acabar, el “chiste” con el que empieza la película y con el que se da el punto y final: “Un hombre se arroja desde un piso cincuenta y mientras va cayendo dice: “Hasta aquí no hay problema”, pasan los pisos y el hombre continúa en caída libre e insiste “Hasta aquí no pasa nada”, “hasta aquí no está mal”. Pero tarde o temprano alcanzará el suelo. Y eso es lo peor”.


[1]  Objetivos de Desarrollo del Milenio, propuestos por la ONU, y que deberán ser cumplidos en 2015. Más información: http://www.un.org/spanish/millenniumgoals/

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