Birdman

Riggan Thompson es un veterano actor de cine a punto de estrenar en Broadway su primera obra de teatro, adaptada, dirigida y protagonizada por él, pero todo el mundo lo conoce por haber interpretado años atrás un superhéroe llamado Birdman. Durante los días anteriores al estreno, una serie de sucesos complican cada vez más su éxito y alimentan una inseguridad crónica que le impide deshacerse de este personaje que tanto éxito tuvo en su momento.

Se apagan las luces, pantalla en negro, aparecen algunas letras de forma desordenada que acaban formando los primeros créditos de la película. Y empieza a sonar una batería. El ritmo es confuso, acelerado, completamente desacompasado, lleno de pausas, solapamientos e imprecisiones; como si ante los timbales, bombos y platos hubiera sentado un niño que todavía no ha aprendido el sentido del ritmo. Es un sonido salvaje, incluso un poco incómodo para nuestros oídos, pero ya nos podemos ir acostumbrando, ya que acabamos de entrar en la mente del veterano actor Riggan Thompson y no saldremos hasta después de dos horas. O lo que es lo mismo, iniciamos el trayecto por un auténtico laberinto mental llamado Birdman, la película más inesperada y personal de Alejandro González Iñárritu, que despliega todo su virtuosismo creativo al servicio de una historia llena de mala leche, humor negro y también de un profundo espíritu corrosivo, tanto de puertas afuera como consigo misma.

Birdman se basa en una narrativa compleja y exigente, que se mimetiza con el caos y la desproporción del propio protagonista. Las capas narrativas son múltiples y difíciles de separar; seguramente porque la gracia es precisamente no hacerlo. En el núcleo, encontramos un actor en decadencia, que lucha sin éxito para huir de un pasado brillante que se ha convertido en su peor pesadilla. Inseguro, obsesivo, paranoico… Riggan Thompson es la imagen que -extremada a propósito- personifica el lado más oscuro de la fama, lo que es capaz de enjaular un artista y no dejarlo escapar para poder demostrar su talento de otras formas, por mucho que lo intente. Birdman clava así una buena patada a los ‘blockbusters’ ya la estacionalidad que se esconde detrás su supuesto gran éxito, así como la industria de Hollywood, más preocupada por anunciar qué actor interpretará cada superhéroe que para poner en valor su trabajo y cuidar su carrera.

Fotograma de Birdman

Fotograma de Birdman

La película tampoco deja pasar la ocasión de poner patas arriba la figura de los críticos de cultura (gran momento), la del público de masas, la de las redes sociales, e incluso la de más de un actor o actriz actual, con nombres y apellidos. El primero de ellos es el propio Michael Keaton, que muestra una valiente disposición a autoflagelarse todo lo que haga falta en un papel claramente autobiográfico y no precisamente favorecedor, pero, mira por donde, termina haciendo la actuación de su vida y nos deja todos con la boca abierta. Keaton combina la vertiente más contundente, trastornada y patética del personaje con un ángulo mucho más emocional que incluso lo convierte en entrañable. En realidad, es la figura sobresaliente de un reparto que a Birdman está en estado de gracia, empezando por un Edward Norton al que no le recordaba este nivel a lo menos desde La Última Noche, y completándolo con el magnífico trabajo de Emma Stone, Naomi Watts, Zack Galifianakis y Andrea Riseborough.

El mérito de sus interpretaciones se añade a la inmensa dificultad de rodar siempre en planos secuencia, de forma que todo tiene que pasar en el momento oportuno y el lugar exacto. De hecho, Birdman se presenta prácticamente como un único plano secuencia de principio a fin, de forma que la cámara no para quieta en ningún momento. Iñárritu nos convierte así en un personaje más, nos introduce en la escena y nos hace perseguir a los personajes, por lo que podemos vivir la acción y casi palpar de forma más cercana que nunca. De tan movida, nerviosa e incansable, incluso puede resultar cansada para el espectador, pero es esta dirección la que, sumada a la citada banda sonora, resulta crucial para forjar la personalidad de la película. Aquí, Iñárritu se atreve a jugar también con la ciencia ficción, el onirismo y el surrealismo, mostrándonos la realidad tal como es, o quizás tal como la ve el protagonista, o tal como es pero no de forma literal ; todo ello alimenta un guión colosal y con una gran profundidad.

Birdman ofrece una visión complementaria a la que encontramos en un filme como El Congreso, ya que ambas critican con dureza la política “hollywoodiense” de ensalzar la figura del actor con fines puramente comerciales, para luego olvidarse de él o girar -le la espalda si éste decide dejar de participar en su juego. También se pueden detectar claros paralelismos con El Cisne Negro, aunque en este caso en un tono mucho menos trágico. Sin embargo, sería absurdo quedarse en los referentes ante una obra tan genuina como Birdman, que sabe integrar tantas temáticas, críticas y parodias en un solo bloque, y que encima lo hace con una cohesión formal y visual envidiable. Será inevitablemente controvertida dada su naturaleza, pero te hace salir del cine con un gran estímulo, consciente de que has visto cine diferente y arriesgado; cine en mayúsculas. Y mientras tanto, aún te parece escuchar la percusión redoblando en tu cabeza.

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