’71

En 1971, Belfast vive bajo la violencia de las disputas entre católicos y protestantes, que tienen la ciudad prácticamente dividida en dos partes. En una misión para encontrar armas escondidas en un barrio hostil, el ejército británico se ve sorprendido por una revuelta de los ciudadanos y debe abandonar la zona, dejando el soldado Gary Hook abandonado en la calle. Totalmente desorientado, y en pleno terreno enemigo, Hook intentará sobrevivir por su cuenta.

Pocos conflictos civiles en Europa tienen tanta complejidad y tantos matices como el de Irlanda del Norte. Religión, política, cultura, nacionalismo, condición social, e incluso un punto de imperialismo son los componentes que tejieron unos enfrentamientos que se prolongaron durante tres décadas, pero que tuvieron su momento álgido durante los años 70. Más allá de afinidades con las causas de unos u otros, se necesitan muchos ángulos de enfoque para entender (si es que se puede) las verdaderas raíces y connotaciones del conflicto, así como el papel de todos los actores que participaron . En ’71, el director Yann Demange nos ofrece una pequeña muestra de todo ello a partir de una historia que inicialmente se impulsa con una potente acción bélica y luego nos va adentrando poco a poco en los sótanos de Belfast, donde se traman y cocinan todos los hechos que dejaron la capital norirlandesa patas arriba durante un montón de años.

’71 se desarrolla desde el punto de vista de una figura ajena al conflicto: un soldado británico que llega a Irlanda del Norte de forma imprevista, y que se encuentra en pleno epicentro de la batalla sin saber muy bien qué pasa, cuáles son las Cauê o en quien puede confiar. Esto lo sitúa en un punto de partida paralelo al del espectador, y pronto descubrimos conjuntamente que todas estas cuestiones no tienen una respuesta única y simple. Demange no busca impartir una clase de historia, y menos predicar un posicionamiento concreto en relación a los dos bandos, sino retratar la espiral de movimientos, intereses y presiones que pueden repercutir por cada hecho puntual que suceda en aquellas calles. En este caso, la presencia de un soldado británico extraviado es un caramelo demasiado goloso para todas las partes. Unos lo quieren matar; otros, retenerlo; otros, ayudarle. Sea como sea, siempre con el objetivo de sacar todo el partido que les sea posible.

Yann Demange expone así la irracionalidad y la obsesión que rodearon un conflicto como el de Irlanda del Norte, pero a la vez envía un buen dardo al papel del ejército británico. Más allá de razones que podían empujar cada uno, la película transmite sobre todo la pérdida de valor de las personas y sus vidas cuando lo único que se tiene en mente es la lucha por los ideales. En ’71, el soldado Hook se ve expuesto a la violencia física de su alrededor, pero aún resulta más chocante comprobar que todas aquellas personas que se encuentra actúan de forma completamente condicionada por su causa, y que por tanto no puede confiar en nadie. Y es por eso que Yann Demange va oscureciendo y hostilizando progresivamente la atmósfera del film. El director británico demuestra su versatilidad, acentuando las movimientos nerviosos de la cámara (en el hombro) en los momentos de acción y aportando más proximidad cuando el ritmo se calma. Personalmente, me quedo con la inmersión que consigue la primera vertiente.

Fotograma de '71

Fotograma de ’71

Donde también contribuye el buen trabajo del director detrás de la cámara es el realismo de la historia de ’71, que además cuenta con un muy buen diseño de producción y unas actuaciones entregadas. A Jack O’Connell encuentro que le falta un poco de presencia, pero con sólo 24 años -y es esta imagen todavía juvenil la que le juega alguna mala pasada- no se le puede negar un muy buen talento y una inmensa proyección por delante. Ponen mucha más fuerza secundarios más veteranos como Sean Harris, Paul Anderson o David Wilmot, que reflejan a la perfección la falta de escrúpulos, pero también la inseguridad y poca experiencia de quienes encabezaban los movimientos civiles más violentos en los disturbios norirlandeses . Son personajes notables, pero la ambigüedad de sus intenciones genera cierto desconcierto en más de una ocasión, en la que no tenemos del todo claro a quién apoya cada uno; una muestra más de la complejidad del conflicto.

Aunque no sepa manejar todas sus fases con la misma precisión y claridad, ’71 demuestra que aspira a ser mucho más que una historia de heroísmo individual. Sería una visión inadecuada, simplista y seguramente cínica de un conflicto que no se caracterizó por la figura de héroes militares, sino por el papel que jugó la población. Esta variación respecto el tono inicial puede decepcionar quien esperaba una prolongación de las revueltas, enfrentamientos y persecuciones por las calles de Belfast, pero conduce a un thriller más intenso y dramático donde el atractivo no es el dinamismo que vemos de caras afuera, sino los hilos que se mueven por dentro. Además, Demange hay sabe aplicar toda la emoción necesaria en los momentos clave. Sin que sirva de precedente, quizás la película habría ganado en solidez añadiendo minutos y dedicándoles el trasfondo de los personajes, pero aún así el resultado tiene entidad suficiente para ser valorado de forma notable.

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